Opinión

“Percibimos las cosas que cambian, pero no estamos preparados para distinguir las cosas que       
permanecen estables.
…. Las cosas que no cambian son, casi siempre, las más importantes”.
  
- Giuliano da Empoli

Juan Carlos Maqueda, un juez probo que se retira. Cristina Fernández de Kirchner, una aspirante política a la eternidad que, por lo tanto, no piensa en retirarse jamás y que para ello no deja que crezca el pasto en su jardín. Y Javier Milei, un presidente que busca un equilibrio entre política y economía que aún no encuentra. Las tres principales figuras protagonistas de este fin de año.

Presidente Javier Milei, líder libertario. Sus adversarios no vacilan en calificarlo de "loco" y no eran pocos los que hace un año decían y hasta aseguraban que no llegaba a Semana Santa. Pero acá estamos.

Tanto encuestas domésticas como informes económicos internacionales le sonríen a Javier Milei. El último estudio de opinión pública de la consultora Poliarquía, correspondiente a diciembre, arroja un crecimiento de tres puntos mensuales en el nivel de aprobación del Presidente, que alcanza un sorprendente 59%, al tiempo que el 51% de las personas consultadas creen que el Gobierno sabe cómo resolver los problemas.

En lo que va de este siglo el resentimiento desde el poder ha sido la característica que, salvo en el gobierno de Macri, predomina en los que gobiernan. Al argumento crítico, a la opinión diferente la respuesta ha sido y es el agravio y el insulto.

En punto a la corrupción de la clase política rige, entre nosotros, una ley de hierro: pocos están dispuestos a enjuiciar a un presidente, gobernador, senador, diputado, intendente o quien fuere, si su nivel de gastos, ingresos o declaración jurada no llaman la atención, puestas al descubierto por una investigación periodística o por un paso en falso del funcionario que se trate. En nuestro país se habla mucho de los vicios de los gobernantes pero los jueces y los fiscales se hacen olímpicamente los desentendidos a la hora de investigar y de procesar a los corruptos, salvo honrosas excepciones.

Cuando parecía que el año se extinguía, siguen pasando cosas importantes. En parte por el calendario, en parte porque los actores no se quedan quietos, en parte porque siempre hay hechos fortuitos que ponen patas para arriba donde había algún orden. 

Parece que se minimizan los significativos costos del esfuerzo que viene haciendo la sociedad argentina y que podrían reflejarse en el debate y el comportamiento electoral de un importante segmento de la ciudadanía

El Gobierno ha entregado en los últimos días acabadas de muestras de que no puede, mediáticamente, tapar no el sol, ni quiera una bombita de luz con la mano.

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