Opinión

Decae la leyenda libertaria del Presidente. Crece la sensación de que salvo la relativa estabilidad macroeconómica, todo se parece a lo de siempre.

El accionar policial y de otras fuerzas de Seguridad en la reciente protesta impactaron en la sociedad. Se especula con el posible desgaste en la imagen del Gobierno.

Es el dueño del avión que tuvo una escala de siete días en Aeroparque; influye sobre Santiago Caputo y Andrés Vázquez, y aceitó la relación Milei-Trump; su pasado en Inteligencia y las internas que desató. Surgió de las calles picantes de Lanús, colaboró con la Policía bonaerense y abrevó en las aguas de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE).

Del recuerdo de asesinatos en tiempos de la organización nacional a la agresividad que se observa hoy a través de las redes. La violencia política es parte de la historia argentina.

El Presidente y la oposición se miden. Por qué el libertario ya no puede equivocarse después del escándalo $Libra.

No hay ninguna duda que lo ocurrido hace dos días en Buenos Aires, fue un típico intento de golpe contra el Estado, la Constitución nacional y las instituciones de la República, independientemente de si quien ocupa el gobierno es Javier Milei, Macri o quien sea, excepto ellos: los peronistas, kirchnerista y la izquierda colaborativa y destituyente que los apoya y le es funcional.

El último miércoles, el Gobierno recibió una valiosa ayuda de parte de quienes convirtieron la habitual protesta semanal de los jubilados (víctimas principales de la motosierra oficial) en una flamígera provocación: el incendio de móviles policiales y contenedores de residuos ofreció una excusa inmejorable para que el Ministerio de Seguridad exhibiera su decisión tantas veces proclamada de combatir el desorden a como dé lugar, con “cárcel o bala”, como suele resumir el diputado José Luis Espert.

Cuando a los santafesinos nos tocó padecer una de las inundaciones más devastadoras de una historia lugareña en la que las inundaciones abundaron, lo primero que se dijo, (apenas nos sacudimos del barro y de los escombros) a la hora de establecer responsabilidades y pensar soluciones, que la tragedia ocurrió porque la obra pública era deficiente; o algo, pero deficiente.

Como tantas mañanas miro el jardín. Hoy abrigado y con la taza de café doblemente necesaria. Llueve, hace frío, las hojas caen y el elenco volador y sonoro va raleándose. Anticipo de otoño. Nada sorprendente y por eso busco otras explicaciones para mi estado de ánimo triste, por momentos angustiado.

En punto a la manera como se sustancia en estos días el ingreso de dos nuevos miembros a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, nuestro país debería figurar al tope del libro Guinness de los récords. No, por cierto, merced a buenas razones.

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