Opinión

Yo entiendo que el episodio de la vicepresidente presidiendo la sesión donde se expulsó al senador Kueider y el famoso traspaso del mando ya va quedando antiguo en la vorágine de noticias argentinas. Pero me permito traerlo una vez más al ruedo porque me parece que explica, en una cuestión pequeña, dónde se encuentra el origen de los problemas argentinos o dónde hay que ir a encontrar los caminos para solucionarlos.

Si los análisis pedestres de la actualidad tienden al reduccionismo, los de la historia mucho más. Un ejemplo es el clásico concurso casero, frecuente en redes, acerca de cuál fue “el mejor presidente de la historia” y cuál el peor. Juego que en verdad hace la vista gorda con las dimensiones del universo considerado.

Con Presupuesto Nacional y Corte Suprema integrada, tendremos cubierta la “dimensión institucional” básica para transitar el nuevo camino.

Sabía que su salud era mala y presumo que la muerte de Rafael, su marido, contribuyó a ese deterioro. Espero, deseo, que la muerte haya llegado, (y con ella me permito citar a Borges) “...callada como sueles venir en la saeta.”. Lo cierto es que este martes 17 de diciembre la primera noticia que recibí a primera hora de la mañana fue su muerte. Beatriz no era creyente, pero alguna vez admitió la existencia del misterio, del misterio de la vida y de la muerte.

Impulsado por la Unión Cívica Radical y el Pro, se consideró hace algún tiempo en la Comisión de Legislación Laboral un proyecto destinado a modificar la Ley de Asociaciones Profesionales con el propósito de democratizar la organización y el funcionamiento de los sindicatos. Sorpresivamente, un acuerdo entre La Libertad Avanza y el kirchnerismo suspendió el avance de esa iniciativa.

El Gobierno dio comienzo a una nueva edición del superclásico argentino en que los deseosos de abrir la economía para someterla a los rigores del mercado se enfrentan con proteccionistas que están resueltos a mantenerla bien cerrada.

A la pública y sobrevendida pelea entre Milei y Villarruel, se le superpone una más delicada, que es la del Presidente con Macri. La primera es light, mediática, conventillesca. La segunda es pesada. Huele a carpetazos. ¿Qué paso para que el kirchnerismo se convirtiera –como en el cuento de la Cenicienta - en el farol moral de la república?

El Presidente acusó el golpe por el caso del senador preso y se enredó en nuevas batallas con sus aliados; las contradicciones con “ficha limpia” y los daños colaterales de la crisis con Villarruel

Javier Milei pudo derrotar a la inflación, pero no a Cristina Kirchner por el control del Senado. Kueider: internas, barbarie institucional y peligrosa feria de vanidades por la expulsión.

Recuerdo que durante una cena desdichada con un escritor kirchnerista le reproché los injustos ataques que le propinaba en público a Joaquín Morales Solá. “Te equivocás con la información, y además de todo, Joaquín es un caballero”, añadí. El intelectual se quedó unos segundos en silencio, y luego masculló con la vista perdida: “La caballerosidad. ¿Entonces eso es todo lo que nos queda en un mundo sin revolución ni ideales fuertes? ¿Ser caballeros?”. Le recordé que en las guerras napoleónicas e incluso en la gesta de la independencia latinoamericana, los oficiales de ambos bandos mantenían esos códigos de respeto y honor, pero también que la cortesía era un valor básico de cualquier democracia moderna.

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