Opinión

Ya no existen “zonas en blanco” en un universo que se ve desbordado por imágenes y comentarios de sucesos ocurridos en tierras muchas veces ignotas, como sostiene Bauman.

Todos sabemos que los sindicatos son uno de los granos (sino el principal) que más han contribuido a hacer de la Argentina un país de facinerosos. O un país en donde las cosas se resuelven con los modos de los facinerosos, con los modos que -a través de las décadas- han impuesto los sindicatos: unas maneras caracterizadas por la prepotencia, por la fuerza, por la irracionalidad, por la imposición… En muchos casos, directamente por la violencia, muchas veces de las armas.

Se ha convertido en regla que Javier Milei, el mandatario con la menor representación legislativa en 40 años de democracia, igual obtenga el respaldo que anhela. 

En la mirada libertaria, la “derecha cobarde” tiene un foco y proyecto político de corto alcance, restringido a la racionalidad macroeconómica, y debe ser combatida aquí y ahora

La recuperación de la democracia, en 1983, incluyó una serie de logros culturales impugnados en la actualidad. Después de los derramamientos de sangre de los años setenta, se asumió que una democracia digna de ser vivida debía desplazar la figura del enemigo por la del adversario. No era un detalle menor. La convivencia social deseable no se forja con las leyes de la guerra sino con las leyes de la democracia.

Según confesó el exdictador Jorge Rafael Videla, la oferta de mediación llegó cuando las tropas argentinas ya habían ingresado en Chile. La arrogancia militar de 1978 y el papel crucial del nuncio papal y el cardenal Primatesta.

El “catenaccio” fue una estrategia popularizada por los equipos italianos de fútbol en las décadas del ‘60 y ‘70 caracterizada por la construcción de un sistema táctico tendiente a amordazar las fortalezas del adversario antes que concentrarse en profundizar las propias. Era un sistema embelesado por la idea de reinar sobre la base de la destrucción más que apoyarse en las virtudes propias.

No entiendo a los apaciguadores. A las provocaciones del líder y el séquito de LLA hay que plantarles cara. No se trata de entrar en sus provocaciones, se trata de hacer posibles respuestas públicas individuales o colectivas que expresen la gravedad de lo que están diciendo y haciendo.

La superstición de la novedad domina y atonta a la opinión pública. Se nos asegura con énfasis que estamos en presencia de un fenómeno nuevo y original, pero como en “Jurasic Park” solo el desarrollo tecnológico y la intervención personal e interesada de los tecno-ricos representan de verdad algo moderno e innovador; el resultado, por el contrario, no es precisamente un viaje al futuro, sino un inquietante regreso a la prehistoria y un resurgir no de criaturas de gran originalidad, sino de los rancios y trillados dinosaurios.

"¡Qué extraña y formidable carrera la de aquel hombre! De repente     
aparece en la escena … Todo se pliega ante él o viene abajo. Es cosa     
de un instante. Repentinamente se ve que ya no queda más que él”.
  
- Leopoldo Lugones

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