Opinión

Cierta irritación social ante la salida a la cancha de Cristina Kirchner favorece el crecimiento del Presidente

La Cámara Federal de Casación Penal confirmó la condena de seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Ramón Cárcano decía que era bueno alejarse cada tanto de los cargos para recuperar el contacto con la realidad cotidiana y recuperar ingresos. Claro, ahora algunos llegan a la política para mejorar su nivel de vida e incluso enriquecerse, por eso se aferran a los cargos.

El espectacular triunfo del candidato republicano en las elecciones presidenciales que se substanciaron en los Estados Unidos no va a obrar un cambio sustantivo en las relaciones hemisféricas -de la primera potencia mundial con los países iberoamericanos- desde el punto de vista estratégico. Sencillamente, porque -en los términos de las prioridades de Washington- nuestras naciones figuran entre las últimas, lejos de Israel, Irán, Rusia, Ucrania, China, Taiwán y Europa. Es seguro que Méjico -por su contigüidad geográfica, nada más- posea, para el próximo gobierno encabezado por Donald Trump como para cualquier otro de raíz demócrata, una importancia especial que Brasil y la Argentina, por ejemplo, no tendrán jamás.

Los dos fueron presidentes. Los dos decidieron volver a ser los mandamases de sus respectivos partidos. Los dos tienen problemas para disciplinar a sus tropas. Los dos tienen problemas serios en la justicia. Los dos están desgastados en la opinión pública. Y los dos tienen serios interrogantes estratégicos que resolver por culpa del fenómeno Milei. Mauricio y Cristina, de ellos se trata, quizá nunca se hubieran imaginado estar pasando por situaciones tan semejantes. Las vueltas de la vida…

Cristina Fernández de Kirchner sigue siendo culpable, según el fallo de Casación dado a conocer ayer. Y la solidez de los fundamentos de los fiscales y jueces son más sólidos y más grandes que la gran muralla china. Por eso ha sido condenada, lo que habla de que en la Argentina todavía hay República. El problema es si la República, aparte de condenar a una persona tan poderosa, resiste lo suficiente para que algún día la señora también deba cumplir su sentencia. Algo muy difícil que con Menem no pudo ocurrir y ahora parece que pasará algo similar con Cristina: son muchos, y no sólo los kirchneristas, los que no quieren que Cristina vaya presa porque la política sigue considerándose según muchos políticos (e incluso según muchos intelectuales) como un terreno de privilegio y de impunidad.

No creo que Javier Milei tenga una obsesión por el poder en el sentido clásico en que esa idea se interpreta en la Argentina, y cuya manifestación más icónica ha sido, naturalmente, la postura de los Kirchner, para quienes el poder era todo: el medio, el fin, la razón misma de su existencia.

El fallo de la Casación obliga a observar la grave distorsión que introduce la persistencia de la corrupción en la vida democrática; movilizados por emociones mucho más que por ideas, quienes veneran a un candidato pueden ver en la condena penal una señal más de su legitimidad.

Otra vez condenada. Y se va la segunda. Dicen que apelará a la Corte Suprema de Justicia. No sé qué podrá pasar allí, pero por lo que se sabe, por lo que se conoce, la situación jurídica de Guille Cantero es menos comprometida que la de Cristina y sus compinches.

La decadencia económica argentina está marcada por una historia de abandono del al consumidor y empresas buscaban privilegios del Estado para obtener ganancias sin innovación 

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