Opinión

La conjunción de intereses espurios sigue manteniendo un anacrónico relato defendido por dirigentes que pretenden sostener un ecosistema tan aventajado como injusto.

Muchos políticos incapaces de abrir su mente a formas comprensivas y armónicas de convivencia suelen recurrir a la justicia atrincherados defensivamente frente a cualquier asunto que no “cuadre” a sus intereses personales.

En poco más de una semana llegará el “Día Nacional de los y las afroargentinos y afroargentinas y de la cultura afro”. Por cierto que a tan escarpada frase oficial, de inconfundible perfume kirchnerista, alguien debería reponerle el castellano. Pero no se puede. Quedó sacralizada así en una ley de 2013.

La perdurabilidad de la República -y hasta de la democracia- reside no en las palabras de la ley sino en las generalmente volátiles convicciones que anidan en los pliegues más íntimos de la conciencia humana.

El gran desafío es demostrar que la Agenda de la Libertad se defiende desde la diversidad y el respeto al otro, aunque no nos guste lo que piense

Por qué a Cristina Kirchner por primera vez se la animan los suyos. La presidencia del PJ y la conveniente pelea con Milei.

Los historiadores militares nos muestran cómo algunos de los mejores estrategas de todos los tiempos fueron quienes aprendieron con esmero y luego imitaron con eficacia las metodologías de sus enemigos. Se podría pensar que acaso por primera vez hay en el “campo del no-peronismo” un petit comité que ha resuelto estudiar las argucias del Movimiento, adaptarlas a sus objetivos ideológicos y practicarlas de un modo más o menos embozado. La osada táctica parece consistir en cosechar, en esta primera etapa, los votos republicanos de diferente pelaje, y con ellos destruir al “enemigo” con sus propias armas, para en una tercera fase directamente reemplazarlo en el territorio y en el imaginario.

“¡El último gesto del gran artista es la revelación de la contradicción!”. 
- Giuliano da Empoli

Fue ministro de Economía de Cristina Kirchner, casi incendia su gobierno y cuando había que apagar el fuego se fugó al bando opuesto. Fue embajador en EE.UU. de Macri y lo abandonó en el momento más crucial, cuando asumió Trump. Es presidente del radicalismo y la acaba de fracturar poniéndose del lado de los que lo fracturaron. Pero no nos ensañemos con el minúsculo personaje. Martín Lousteau no es nada más que el síntoma de la enfermedad terminal que hoy sufren los partidos políticos. Nadie en sus cabales le puede dar tamañas responsabilidades a ese irresponsable. Por la reiteración de errores de tamaña magnitud, es que Milei se los está fumando en pipa a todos.

La ambición de crear un partido desde el Estado, utilizando los fragmentos que despiden peronistas, radicales y agrupaciones provinciales es la estrategia predominante. Algo que ya hemos visto en el pasado.

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