Opinión

El país, en términos políticos, al menos, se asemeja a un teatro en el cual, al mismo tiempo, se desenvolviesen en tres escenarios diferentes entre sí, tres distintas obras. Por un lado, está en cartelera una comedia de enredos desastrosa, donde el grotesco se acompasa bien con la índole de los personajes subidos a la escena. Por el otro, hay un estrado que le ha sido reservado al presidente de la Nación con el propósito de que allí, frente a la ciudadanía que lo mira expectante, desarrolle sus monólogos, precisos algunos y desmesurados otros. Por último, también hay una tarima en donde el colectivo oficialista y las banderías opositoras cruzan aceros o forjan acuerdos sin solución de continuidad.

Se podría decir que el gobierno venía teniendo una semana bastante positiva... hasta que apareció el Senado.

En esta primera parte, se abordarán dos cuestiones inherentes al posicionamiento político de una oposición constructiva y eficaz frente al gobierno. En la segunda parte, que se publicará el próximo domingo, se analizarán las mutaciones culturales y socioeconómicas que procura imprimir Milei de modo indeleble sobre la sociedad argentina.

Nadie invierte en países donde el gobierno que viene cambia totalmente y generalmente en sentido contrario, las políticas del anterior. 

Existe una zozobra generalizada respecto de la política de estos últimos días, que provoca en la sociedad una sensación de agonía y dolores de parto, y ganan en intensidad a medida que debe resolverse el destino de leyes que pueden condicionar severamente los planes del gobierno del Presidente Milei.

No compro la idea de que los periodistas son una especie de nouvelle noblesse. Esa fantasía, alimentada por la propia corporación de la prensa que se ve a sí misma como una avanzada en cuyo seno se halla la salvación de la democracia, es solo eso: una fantasía.

¿Se podrá revertir la secuencia decadente? Sí, si reunimos ciertas condiciones, entre ellas, recomponer los equilibrios macroeconómicos inherentes a nuestra particular confección política y productiva

Esa costumbre, no sé si argentina, pero costumbre sombría al fin, de evocar a los personajes de la historia desde la fecha de su muerte. Sarmiento murió el 11 de septiembre de 1888 en Asunción del Paraguay, un destino necrológico que compartió con su ex alumno y rival político José Manuel  Estrada que también falleció en Paraguay.

Candidato a presidente de la Nación en cuatro oportunidades, fue uno de los referentes más importantes de la Unión Cívica Radical (UCR) y de la política argentina durante el siglo XX.

Sólo las teocracias o las dictaduras -Irán o Venezuela actuales- creen en un dogma religioso o laico fijado por un líder mesiánico o una nomenclatura organizada como banda delictiva. La vedad es alcanzar consensos

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