Opinión

La continuidad del ajuste y la postulación de Ariel Lijo a la Corte Suprema conviven con el respaldo de buena parte de los argentinos al Presidente; aunque la política judicial aleja al Gobierno de los países que el mileísmo admira

Instalado en mi lugar de vagabundeo mental veo un amanecer soleado, escucho una paloma arrullar y festejo los brotes del ciruelo. Sonrío recordando a los Bernárdez, vecinos de mi infancia y juventud. Eran maestros en el arte del uso de  las palabras, comenzando con Aurora que en ese jugar  nos trajo a Julio.  Mariano contándome el origen  de las marchas militares a partir del supuesto diálogo entre un niño y su padre un día lluvioso: “parará papá, parará tachín”, lo hacía conteniendo la risa.

“Allí donde está el peligro está también lo que salva”.   
-Johann Ch. F. Hölderlin

El presidente argentino sueña con repetir la historia de acumulación de poder de su par salvadoreño y con gobernar sin tener que negociar con nadie

¿Es posible construir algo serio si no hablamos en serio?

La tolerancia es un estilo que a diario se repele tras los infundios; el respeto recíproco, hoy ignorado, es un atributo que enaltece la dignidad de la ciudadanía.

“Intratables” fue un programa televisivo exitoso porque supo farandulizar la política. Donde todos se peleaban con todos y nadie escuchaba al otro. Fue la plataforma de lanzamiento mediático de Javier Milei. El hombre llegó a la presidencia con esa lógica televisiva pura y le sirvió mucho para ganar. Pero no le servirá para gobernar, como se vio esta semana, donde su protegido, el joven maravilla Santiago Caputo le armó un clima “intratable”, confundiendo batalla cultural con agresiones e insultos mediáticos generados por una banda de impresentables. Por lo que el Congreso, en parte como respuesta a esa actitud, les votó todo en contra, incluso sus aliados.

La sorpresiva ofensiva ucraniana en Kursk plantea un interrogante: ¿se trata de un intento de ganar la guerra o de mejorar la posición de Ucrania para una futura negociación? Esta última posibilidad se ve hoy más cerca, especialmente si ganara Trump las elecciones del 5 de noviembre.

Una sociedad frustrada, enfadada, estafada durante un largo tiempo por su dirigencia necesita no solo un cauce para manifestar sus broncas, sino que también requiere sanar, recuperar la esperanza en el futuro, encontrar formas de convivencia pacífica, discrepar con respeto, alejar temores, terminar con odios y rencores.

El sonado escándalo protagonizado por Alberto Fernández tuvo tal resonancia en los medios de comunicación clásicos y en todas las redes que -por lógica consecuencia- relegó a un segundo o tercer lugar a otras cuestiones de singular importancia. Desde que tomó estado público la inaudita violencia que aquél ejerció durante años a expensas de Fabiola Yánez, los pliegos de Ariel Lijo y de Manuel García Mansilla -candidatos propuestos por el gobierno para integrar la Suprema Corte de Justicia de la Nación- desaparecieron, o poco menos, de la escena, como si fueran asuntos de menor trascendencia.

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