Opinión
¿Es Milei acaso el inventor del planteo maniqueísta? Buena parte de la historia argentina puede ser entendida como una sucesión alternada de exclusiones. Un péndulo inagotable que renovó su justificación en nombre de la democracia imperfecta. Los conservadores excluyeron a los radicales. Luego los radicales se arrogaron ser el todo (“mi programa es la Constitución”, decía Yrigoyen), hasta que volvieron los conservadores e industrializaron el fraude, que antes había sido casi artesanal, y de ese modo barrieron a los radicales. Como reacción a las marginaciones surgió el peronismo. Que excluyó a todos los demás (“los contreras”, decía Evita). Y a continuación vinieron todos los demás y excluyeron al peronismo.
Las Almas Bellas - Por Carlos Mira
Escrito por Carlos Mira
Mi colega Jorge Fernández Díaz -que quienes siguen esta columnas saben que no es la primera vez que lo cito- acuñó hace tiempo una expresión que reúne en si misma la ironía, la incredulidad, la duda y el sarcasmo que a veces uno siente frente a la postura de determinadas personas.
Seis meses de errores no forzados y trabas desde la oposición - Por Roberto Cachanosky
Escrito por Roberto Cachanosky
Pasado el primer semestre del Gobierno de Javier Milei, hay dos aspectos a considerar: las reformas estructurales contenidas en la Ley Bases y el DNU 70, y la política impositiva, cambiaria y monetaria
El sistema que ha defraudado a los argentinos durante décadas se resiste a abandonar el poder.
El alto costo de la política del desprecio - Por Jorge Fernández Díaz
Escrito por Jorge Fernández Díaz
“No desprecio a los hombres; si así fuera no tendría ningún derecho, ninguna razón para tratar de gobernarlos”, decía el Adriano de Yourcenar, que era un sabio de la vida y del poder. El desdén, la desconsideración, la subestimación e incluso el rencor de Javier Milei por absolutamente todo el arco político, por los economistas e intelectuales más notables, y por la administración general del Estado, son los rasgos dominantes de su rabioso liderazgo.
“El que quiere hacer historia tiene que empezar por estudiarla”.
- Emil Ludwig
El Ministerio de Capital Humano quedó implosionado y el futuro de Pettovello es incierto; la inquietud de los mercados y los desafíos de la oposición contrastan con la paciencia social
Una perspectiva histórica para mirar la actualidad social y política de la Argentina
El Estado -que tanta tirria le causa a Javier Milei- no es entre nosotros un animal voraz, dispuesto a comerse a la primera de cambios a quienes ocupan ministerios, secretarías, entes autónomos y organismos públicos de todo tipo, tamaño y color. Es, más bien -como lo definió alguien, de manera magistral- una máquina de impedir. De una dimensión elefantiásica, con costos alocados, una cantidad de empleados desproporcionada, una productividad bajísima y tamaña ineficiencia puesta de manifiesto como prestador de servicios básicos, sería un milagro que funcionase cual corresponde y cumpliese con su cometido en tiempo y forma.
Los críticos de Javier Milei parecen desconocer el cuadro de la evolución determinado por el astrofísico franco canadiense Hubert Reeves, quien describe el ajuste de las distintas etapas de un itinerario, en donde cada una de ellas va preparando a la otra de manera inteligente, poniendo en vigencia el principio de la continuidad.
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El gobierno de Milei va a tener siempre 3 grandes desafíos / amenazas. Primero, el gerenciamiento político, con todo lo que implica manejar un sinfín de hilos de acuerdos y compromisos. Segundo, el gerenciamiento del Estado, dado que llega con poca gente propia, y muchos de los que están no tienen experiencia. Y tercero, la hoja de ruta económica.
El primer gobierno desde 1983 que no ha conseguido aprobar ninguna ley en sus primeros seis meses. Y un Congreso que ha trabajado como pocas veces. Hay algo que falta en el medio: destreza, experiencia y paciencia democrática.
La definición de Cristina Kirchner que mostró sus diferencias con Alberto Fernández tal vez sea su mayor aporte para comprender la decadencia de la política argentina, de la que es en gran parte responsable

La ideología de cada presidente debe servir para fortalecer los intereses nacionales, no para reemplazarlos.

