Opinión

La máquina libertaria de vapulear personas y defender lo indefendible se enfocó durante estos meses en cualquier persona que señalara los déficits gemelos del Gobierno: la gestión y la política. Ya saben: colectivistas, golpistas, cucarachas, ensobrados, viejos meados o simplemente necios: no la ven.

“Estas asambleas no parecen haber sido creadas con otro fin que el de proporcionarles a los     
políticos una tribuna y el de asegurarles a los senadores el pago de ventajosos emolumentos”.
  
- Emil Ludwig

La salida de Posse de la Jefatura de Gabinete indica que Milei asimiló ciertas cuestiones políticas.

El recambio en la Jefatura de Gabinete deja lecciones que el Gobierno haría bien en tener en cuenta.

Si Javier Milei pudiera prescindir por un rato de las satisfacciones que prodigan a su ego algunas voces calificadas de algunas ciudades del planeta, advertiría que lo que acaba de ocurrir esta semana puede ser un severo llamado de atención a su persona, pero en particular a su gobierno.

Nadie podría haber dicho que la ineficiencia de Posse no se veía venir. En su época de Aeropuertos sus compañeros lo llamaban "To do".  

Si alguien definió alguna vez a Donald Trump, Jair Bolsonaro y Alberto Fujimori como outsiders, es porque aún no conocían a Javier Milei. Si hay un político al cual le cabe como anillo al dedo la anterior definición, ese es el jefe de los libertarios argentinos. Y no solo en razón de que hizo su irrupción desde fuera de las murallas de la política, sino también por su estilo, sus modales, su lenguaje y su desparpajo a la hora de comunicarse tanto con sus seguidores como con los poderosos de esta Tierra. El presidente está encantado con el personaje que se ha inventado, y se siente en el mejor de los planetas. Por eso, con base en la decisión de la revista Time de elegirlo para su portada, dijo ser el jefe de estado “más popular del mundo”. Puede que sea una exageración -a las que es adicto- pero razones no le faltan.

Estamos tan magnetizados por los excesos de Milei, vertemos tanta tinta sobre sus rasgos grotescos, que esquivamos la pregunta más espinosa: ¿por qué gusta a tantos, ricos y pobres, cultos e incultos? ¿Qué encuentran en él?

En un nuevo escenario, la relación entre Milei y Macri presenta varias alternativas.

“El Presidente me elige a mí porque se da cuenta que con la política argentina a él se le hace complicado, porque no la entiende, porque tiene diferencias, por equis motivos. Y yo tengo una posibilidad mayor de dialogar”, sentenció el flamante jefe de gabinete Guillermo Francos.

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