Opinión

El multilateralismo buscó ponerse por encima de las relaciones internacionales basadas en el poder, pero ahora quiere ser dejado de lado por el retorno de la ideología de la fuerza

El ocaso de muchos políticos comienza cuando se vuelven muy sensibles a la sugestión y no al razonamiento; al cultivo de imágenes y no a ideas con algún fundamento de tipo académico; al apego a apotegmas vulgares y no a una argumentación lógica.

Confieso que una de las frases de los economistas en el debate de ayer (aunque el sentido con el que él la dijo tenía el componente positivo de creer que la dolarización era una gran herramienta para la solución de los problemas económicos) a mí me dejó no solo preocupado sino con la profundización de la convicción de que ni siquiera el éxito económico de un determinado programa salvará a la Argentina si, al mismo tiempo, no se logra sepultar una determinada mentalidad que, por los hechos históricos, ya ni siquiera podemos llamar “peronista”, sino que habría que llamar, directamente, “mentalidad argentina”.

Hay que reconocerle al Presidente su habilidad comunicacional para generar atracción hacia la agenda que él pretende imponer. Vía descalificaciones, acusaciones, insultos y otras yerbas similares intenta plantear la batalla política y cultural.

Es bien sabido que todo proceso histórico, con su correspondiente liderazgo, se inclina a elaborar una lectura del pasado que justifique o legitime el presente y, sobre todo, convenza a los ciudadanos de que en un tiempo lejano vivimos momentos de gloria, aunque lamentablemente - podemos permitirnos agregar- quienes deberían haber sostenido y ampliado esa dicha social no la han sabido sostener y en más de un caso la han deshonrado y precipitado a la decadencia y a la quiebra económica y moral.

Desde 1982, hay una fusión histórica entre la causa Malvinas y la guerra. El conflicto bélico nos ha dejado un legado, un pasado que se impone sobre nuestro presente y nuestro futuro, inescapable.

Nuestra sociedad está llena de grupos que la parasitan; la Argentina es un país con una telaraña de prebendas armadas de tal modo que es casi imposible cortarlas

La palabra cosplay podría ser traducida libremente como “jugar disfrazado”, algo que muchos de nosotros hacíamos en nuestro patio de la infancia inspirados en los paladines de la televisión y la historieta. Esa gozosa actividad del disfraz y la imaginación ya no se detiene en la pubertad: durante esta “era de la adolescencia eterna” avanza sobre la vida adulta, protagoniza eventos coloridos alrededor del planeta y hace juego con la extraña fascinación tardía por la peripecia de los superhéroes.

“No os fiéis de las palabras, que sirven para deslumbrar y tergiversar las cosas; no os    
fiéis de vosotros, que podéis equivocaros; hechos, sólo hechos, que lo demás son nubes”.
 
- Santiago Rusiñol

La irrupción de Milei complicó al peronismo, pero aún más a quienes lo apoyaron. El PRO teme repetir la suerte de la Ucedé. El radicalismo no encuentra su lugar bajo el sol.

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