Opinión

 

"Si olvidan los muertos y los héroes de la guerra pasada,
a los oficiales se les vaciará el alma para la próxima guerra".
 
- Napoleón Bonaparte

 

 

La conexión fatal entre los gobernantes inútiles y corruptos y la gobernanza supranacional es un peligro mayor que cualquier pandemia

 

 

Si Cristina Kirchner se sabe inocente, ¿por qué no se somete a la Justicia como cualquier ciudadana? Ante una falta de imparcialidad saldría fortalecida

 

El inquietante episodio de la desaparición de una niña consiguió varios milagros simultáneos. Uno, que la niña y su madre, y su contexto se volvieran repentinamente visible para una sociedad que, en buena medida, fuera de situaciones excepcionales, suele mirar para otro lado cuando se tropieza con el cuadro de la pobreza extrema y sus consecuencias potenciales o reales. “La paradoja es que esta chiquita apareció el día que desapareció”, reflexionó amargamente un cuadro político.

 

 

Cristina Kirchner habló por muchos políticos, comenzando por ella misma, cuando aprovechó la oportunidad que le brindó una de las causas más flojas que afronta.

 

 

A poco de conocerse la sorpresiva y sorprendente fórmula electoral del Frente de Todos en la que Alberto Fernández aparecía como el candidato a Presidente, y Cristina Fernández de Kirchner como su vicepresidente, aparecieron dos tipos de manifestaciones. La que consideraba que Alberto podía ser un Presidente con autonomía e independencia manifiesta de Cristina, y la de los que entendíamos que tarde o temprano, el poder real de la vicepresidenta se haría valer, especialmente en temas claves de gobierno.

 

 

La Argentina se está quedando sin vacunas. La ministra de salud admitió que no tiene idea de cuando van a llegar más remesas. Se hizo un anuncio con bombos y platillos, bien al estilo kirchnerista, sobre la llegada de tres millones de dosis de la vacuna china Sinovac pero luego se dijo que no había fecha de ingreso.

 

 

 

Juan Domingo Perón, Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Néstor Kirchner -para nombrar a los presidentes más representativos del último medio siglo- imponían respeto con su sola presencia. Más allá de las simpatías o antipatías que generasen y de los amores u odios que concitasen por efecto de sus decisiones políticas, sabían mandar.

 

 

El menú de improperios, descalificaciones y burlas que los kirchneristas descargan a diario sobre la figura de Mauricio Macri -desde el supuesto apego a la vagancia hasta una presunta incapacidad para hacer política- en realidad son piezas accesorias del cargo mayor, que es neutrónico. Repiten que Macri destruyó el país.

 

 

El “activismo” kirchnerista ha evidenciado con creces su perfecta futilidad conceptual, mientras utiliza a la “masa” para consolidar una aventura hegemónica que nos está hundiendo – cuanto menos-, en la irrelevancia.

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