Opinión

 

Todos los gobiernos, en algún momento, pierden el sentido de la realidad. Pero en la Presidencia de Alberto Fernández, por el contrario, tenemos que preguntarnos si en algún momento se va a recuperar el sentido de la realidad.

 

La idea de que la calle siempre fue peronista tal vez forme parte de los mitos políticos argentinos. Los recientes "banderazos" opositores incluso llevaron a algunos de sus artífices a celebrar un quiebre inédito del monopolio del peronismo en la ocupación de la calle, en consonancia con la ausencia de concentraciones oficialistas en el contexto de la pandemia. Sin embargo, en la génesis no fue así.

 

Despojada de oportunismos y mezquindades, la controversia sobre la transferencia de recursos de la Ciudad a la Provincia tiene al menos una virtud: ilumina la arbitrariedad del sistema de reparto de los fondos federales entre las provincias, que no responde a ningún criterio de eficiencia ni de equidad.

 

 

El engaño supone siempre falta de veracidad; y también un tipo de traición de quienes tratan de ocultar sus intereses sospechosos especulativamente; intereses cuya verdad, de ser revelada con anticipación, daría tiempo a los eventuales engañados a precaverse de los efectos de la misma.

 

 

Pensemos en los perfiles de Néstor Kirchner, Cristina Elisabet Fernández y de Alberto Fernández.

 

A comienzos de julio de este año, Marcelo Longobardi conmocionó a los televidentes de un canal de noticias al afirmar que era inminente la detención de un periodista en la Argentina.

 

Parece increíble que un presidente actúe tan en contra de sí mismo, al romper una alianza con Rodríguez Larreta que le dio una popularidad enorme e impensada.

 

El fracaso de Alberto está en negarse a sí mismo por quedar atrapado en la opción de subordinarse a su vice o ser más cristinista que Cristina.

 

 

La pandemia provoca una suma de desgracias que considero innecesario enumerar porque todos las conocemos y las padecemos.

 

En un inspirador documental sobre la vida de uno de los grandes genios del cine -Woody Allen- se revela involuntariamente la esencia del peronismo post mortem.

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