Opinión

 

A pesar de los treinta y siete años transcurridos desde el comienzo de la transición a la democracia la libertad de expresión está nuevamente amenazada. Son varias las iniciativas y declaraciones que la ponen en peligro.

 

 

El 18/5/2019, en una entrevista en radio Nacional, una semana antes de que CFK se auto postulara a vicepresidente en una fórmula encabezada por Alberto Fernández, el hoy Presidente decía que la senadora debía competir contra Macri, “es candidata o se va a su casa, no puede haber votos prestados. No tengo ganas de que haya un títere en la Casa Rosada, y que el poder esté en Juncal y Uruguay”.

 

 

 

“Algunas derrotas tienen más dignidad que una victoria”.
- Jorge Luis Borges

 

 

La gran paradoja de la política argentina actual consiste en que la domina en gran medida una figura rechazada por más del 60% de la sociedad, que perdió cuatro de las últimas seis elecciones, que para evitar una nueva derrota -tal vez la definitiva- se vio obligada a declinar la candidatura presidencial y resignarse a ocupar la vicepresidencia, que tiene baja aceptación incluso dentro de su propio partido y que sigue siendo ignorada por los principales líderes del mundo civilizado.

 

Su pasión por el ajedrez suele inducir a Eduardo Duhalde, también en sus movimientos políticos, a conjeturar escenarios anticipados y a calcular estrategias destinadas a neutralizar las amenazas que sospecha dos o tres jugadas más adelante.

 

 

Si el presidente de la Nación tuviese más de dos dedos de frente, y pensase antes de hablar con un mínimo de cuidado, no hubiese dicho una mentira de escándalo y una falsedad manifiesta.

 

 

Como una de las piezas del plan de impunidad diseñado por Cristina Kirchner, el oficialismo salió a atacar al procurador general de la Nación, Eduardo Casal.

 

 

CFK es poderosa. Muy bien, pero ¿por qué? Y ¿cuál es la naturaleza de su poder? A mi juicio, CFK es un tigre de papel. A mediados del siglo XVI, un joven francés, Étienne de la Boétie, pensó el problema de la servidumbre, observando que ésta es básicamente voluntaria.

 

 

Alguna vez, el presidente Alberto Fernández dijo, al evaluar el conflicto social y político que generó la resolución 125, que tenía para sí el aprendizaje de que esa enorme locura social no sirvió para nada. "Cuando uno se pone inflexible, quiere ir por todo y se puede quedar sin nada", reflexionó.

 

 

No parece casual que Eduardo Duhalde haya estremecido al país con dos frases pronunciadas en lenguaje político extremo al día siguiente de que Alberto Fernández hubiese llevado ese lenguaje a su máxima potencia desde diciembre de 2019.

 

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