Opinión

 

Mientras se negociaba por enésima vez la deuda al borde de la cesación de pagos, Alberto Fernández explicaba que había decidido la expropiación de Vicentin para evitar que cayera en manos extranjeras. Sus palabras exactas fueron: "Para nosotros ese es un mercado muy importante. Nosotros rescatamos Vicentin de un camino seguro al precipicio, que terminaba con la quiebra o en manos extranjeras".

 

 

¿Cuál es la imagen que describe hoy de mejor manera al Gobierno Nacional? ¿La de un conflicto que apenas puede ser disimulada entre un Presidente moderado y moderador, y una Vicepresidente desesperada por zafar de sus causas judiciales? ¿O la de un Águila de dos cabezas, en la que un Presidente en el Gobierno y una Vicepresidenta en el Poder convergen en sus intereses y trabajan finalmente como un único equipo?

 

 

Analizado desde un ángulo -que no es el del gobierno, claro- la decisión de intervenir primero y, acto seguido, con una ley en la mano, proceder a la expropiación de Vicentin, ha sido un resumen y compendio de errores.

 

 

La administración actual podría adoptar la dolarización una vez que haya logrado una reprogramación exitosa de la deuda.

 

 

El proyecto de expropiación del complejo agroindustrial Vicentin constituye un caso conspicuo del anacronismo ideológico que abarca a porciones no menores tanto de nuestra clase política como de la sociedad.

 

 

Hace un tiempo en este mismo lugar (La enfermedad argentina, un artículo que dio la vuelta al mundo, pero cuyo origen fue atribuido increíblemente al diario “The Washington Post”) decíamos que la Argentina estaba gravemente enferma.

 

Hace pocos días, leímos la entrevista que le realizó el periodista José Del Río (La Nación) al Jefe de Gabinete Cafiero, quien sospechamos funciona como una suerte de bisagra invisible entre Cristina Kirchner, La Cámpora y Alberto Fernández.

 

 

“París ha caído”, tituló el New York World Telegram. Un día como hoy, hace ochenta años, la capital francesa caía ante las tropas de la Alemania Nazi. Los franceses habían optado por no luchar en su capital y habían huido hacia el sur.

 

 

Por medio de un Decreto de Necesidad y Urgencia, el Gobierno intenta apropiarse de una de las más importantes cerealeras del país.

 

 

El Estado tiene que luchar contra su principal enemigo, la oligarquía agropecuaria que es para ellos la peor de todas, cuando debería ser su principal aliada.

 

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