Opinión

 

A raíz de la condenable agresión a un periodista el pasado jueves, el Presidente y su ministro del Interior repudiaron el odio y fijaron la necesidad de frenarlo. Fernández dijo que terminaría con “los odiadores seriales” y Santiago Cafiero afirmó que hay que “desmantelar el discurso del odio”.

 

 

En las últimas semanas el oficialismo se ha dedicado a calificar a sus críticos como “odiadores”, “odiadores seriales” y otras expresiones semejantes. Para el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y otros altos funcionarios, como el vocero presidencial, Juan Pablo Biondi, no se explica la oposición al gobierno nacional sino desde el odio.

 

 

Muchos egocentristas suelen defenderse de las acusaciones que se les formulan por su encierro psicológico, asegurando que lo que ellos buscan no es ni más ni menos que lo anhelado por todos.

 

 

De repente los instaladores de la división social y del odio de clases han empezado a utilizar ostensiblemente la palabra “odio” para referirse, justamente, a lo que hacen los demás.

 

 

Nuestras experiencias políticas en clave populista transitan no desde la tragedia sino de la farsa a la tragedia.

 

 

La cuarentena no es la cura de nada. Es sólo un medio entre tantos otros que se debe usar de acuerdo a la prudencia política.

 

 

El gobierno se empeña en usar y vender el relato de un proyecto económico-social que no tiene modo de llegar a buen puerto, que implosionará hacia un agujero negro colosal

 

 

 

"La mayor parte del caviar se guardó para la nomenklatura", decían los revisionistas de la experiencia soviética.

 

 

La confusión es total. Es malo estar confundido y es peor si la confusión la genera el Presidente de la Nación. ¿Quién es Alberto Fernández? Más allá de ser abogado, político y ahora presidente, ¿quién es? ¿Es el que llama a la unidad, el que vino a terminar con la grieta? ¿Es que tiene como Roberto Carlos un millón de amigos, o el que se enoja y reacciona con violencia?

 

 

“Cuando la suerte qu’es grela,
fayando y fayando,
te largue para'o;
cando estés bien en la vía,
sin rumbo, desespera'o”

- Enrique Santos Discepolo

 

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