Opinión

 

Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras: los astros y los hombres vuelven cíclicamente (Jorge Luis Borges, La noche cíclica). El kirchnerismo es el de siempre.

 

 

El presidente Fernández va camino de ponernos delante de muy pocas opciones para que nos pronunciemos sobre él.

 

 

No es del todo justo calificar de mafia a los servicios de Inteligencia argentinos. La mafia es sinónimo de crimen organizado, estructuras disciplinadas y cerebros al servicio del mal. El espionaje argentino no es eso.

 

 

El asesinato de Fabián Gutiérrez, ex secretario de Cristina Fernández, a quien había denunciado por corrupción, ha hecho que el país torne a las sombras.

 

 

“Quién miente pocas veces, no se da cuenta de la pesada carga que se echa encima, porque para mantener su mentira, ha de inventar otras veinte” - Jonathan Swift

 

 

La pandemia y el coronavirus son una desgracia de la naturaleza; la administración de la cuarenta en nuestras playas es una desgracia de la política. En un caso intervienen los dioses; en el otro los hombres.

 

 

Conocí al Sérpico patagónico gracias a una infidencia: se había disfrazado de mujer y había capturado a un violador serial que atacaba parejas a orillas del río Limay.

 

 

Argentina, país contradictorio, está en plena y dura y eterna cuarentena; la gente no trabaja, no produce, no vende, no compra. Está paralizada, el resultado es que hay hambre. Los comedores populares se multiplican y no alcanzan, la tarjeta alimentaria no alcanza, la ayuda del estado no alcanza. Ante este desolador panorama, se ataca la producción del campo.

 

 

Dos secretarios, dos épocas. El kirchnerismo, en su afán de querer empardar todo y llevar a la práctica acelerada la "doctrina Discepolín" -"en un mismo lodo, todos manoseados", como dice en esa profecía para siempre que es su tango "Cambalache"-, el tiro le salió por la culata y, encima, con un final horrible e inquietante.

 

 

Soberanía alimentaria, soberanía monetaria, soberanía aeronáutica, soberanía energética: el gobierno peronista está obsesionado con la soberanía.

 

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