Opinión

Para un presidente que no se piensa tomar vacaciones –“Milei, el incansable”, todo detalle cuenta- es lógico esperar que los analistas tampoco se puedan distraer. Por eso es que estamos viendo mucha más política de lo que pensamos, aun teniendo en cuenta que no hay vaivenes económicos, y en todo caso son favorables.

¿Hay un “vamos por todo” libertario que reemplaza, y en algún sentido reivindica, el abortado intento cristinista de 2012/13?; ¿puede existir un proyecto hegemónico que prescinda del aparato del Estado?

“Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario”, acaba de afirmar en Italia, nuestro presidente Javier Milei parafraseando a Vladimir Lenin, el creador de la rusia soviética.

Cuando una sociedad arrastra una larga historia de frustraciones, es bastante común observar que la misma permanezca vigilante durante bastante tiempo ante cualquier síntoma del renacimiento de ciertas pesadillas vividas.

Necesitamos recuperar un liberalismo que incluya sus tres pilares históricos: que en un mismo territorio puedan convivir personas muy distintas, que haya plena autonomía del individuo en cuanto a su plan de vida y que exista libertad de mercado.

En su intensa temporada de caza de las grandes figuras progresistas, que para ellos todavía brindaban cierta respetabilidad y protección, los señores feudales de Santa Cruz invitaban habitualmente a Balcarce 50 a cuanto intelectual pasara por los diarios. Que siempre fueron su principal fuente de conocimiento y lectura. A Beatriz Sarlo le tocó compartir un almuerzo en el primer piso de la Casa Rosada con el gran historiador Tulio Halperín Donghi; la experiencia no resultó positiva, ninguno de los dos cedió a la seducción del poder, y en la mismísima vereda ella le dijo: “Yo no vengo más, Tulio”. Néstor Kirchner comprendió que aquella dama diminuta y aguerrida, que era un emblema de la cultura de izquierda, no mordía el anzuelo, y entonces le bajó el pulgar.

“Percibimos las cosas que cambian, pero no estamos preparados para distinguir las cosas que       
permanecen estables.
…. Las cosas que no cambian son, casi siempre, las más importantes”.
  
- Giuliano da Empoli

Juan Carlos Maqueda, un juez probo que se retira. Cristina Fernández de Kirchner, una aspirante política a la eternidad que, por lo tanto, no piensa en retirarse jamás y que para ello no deja que crezca el pasto en su jardín. Y Javier Milei, un presidente que busca un equilibrio entre política y economía que aún no encuentra. Las tres principales figuras protagonistas de este fin de año.

Presidente Javier Milei, líder libertario. Sus adversarios no vacilan en calificarlo de "loco" y no eran pocos los que hace un año decían y hasta aseguraban que no llegaba a Semana Santa. Pero acá estamos.

Tanto encuestas domésticas como informes económicos internacionales le sonríen a Javier Milei. El último estudio de opinión pública de la consultora Poliarquía, correspondiente a diciembre, arroja un crecimiento de tres puntos mensuales en el nivel de aprobación del Presidente, que alcanza un sorprendente 59%, al tiempo que el 51% de las personas consultadas creen que el Gobierno sabe cómo resolver los problemas.

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