Opinión
Más allá de la marcha en contra del veto al presupuesto universitario, el gobierno ya había perdido la batalla en la opinión pública, como también había sucedido con la actualización jubilatoria. Estos son dos datos puntuales, pero que dicen cosas interesantes sobre la dinámica de la administración Milei.
El conflicto con las universidades, ¿la “125” de Javier Milei? - Por Sergio Berensztein
Sergio Berensztein
Lo que no pudo una fragmentada oposición podría producirse como fruto de combinar mala praxis, inflexibilidad y una tendencia a redoblar la apuesta de un conjunto de líderes con escasa experiencia política y práctica
La universidad pública me recuerda a aquellos viejos árboles plantados a la vera del camino o en algún punto de la llanura. Puede que algunas de sus ramas estén secas, puede que en el tronco se hayan adheridos hongos y parásitos, puede que algún ave de pico encorvado haya hecho su nido, pero nada de ello impide que sus raíces estén bien hundidas en la tierra, que su tronco sea sólido, que sus hojas sean verdes y sus flores desparramen perfume por el aire.
Tal como sucedía en La Cámpora de Cristina –los pibes para la “liberación”–, la escudería digital del Presidente cobija a los que creen y a los que cobran. Los últimos se autorrotulan –y los rotulan sus “enemigos” internos– como “Gordos Tuiteros”; los primeros son los liberales sin cargo, influencers que dan la batalla cultural por las “ideas correctas”. También, como en la marca original de la escudería joven kirchnerista, hay una tribu que mezcla a ambos: a los que cobran y a los que creen.
En momentos en que recrudecen las críticas al gobierno de Javier Milei por lo que “todavía no ha logrado” (sic), muchos políticos profesionales y sus usinas periodísticas favoritas omiten cualquier mención a los aciertos de quienes están cambiando la cultura popular respecto de la antinomia entre austeridad y dispendio.
El cuidado del dinero del pueblo debería ser la responsabilidad número uno de cualquier gobierno. Y el líder de un gobierno que dé muestras de cuidar ese centavo público cuyo manejo la ciudadanía le confía, debería ser, en teoría, el líder más popular y más reconocido.
Desde que hace dos semanas Milei organizó un asado autofinanciado para los 87 “héroes” que “pusieron un freno a los degenerados fiscales” no se conocieron nuevas hazañas legislativas. Hay dudas de que el heroísmo vaya a replicarse en breve.
Ser liberal implica aceptar que la vida es sagrada, que toda persona vale, que nadie puede ser discriminado, que pensar diferente es deseable y necesario
Restringir el acceso a la información pública es inconstitucional - Por Jorge Enríquez
Escrito por Jorge Enríquez
La Constitución Nacional faculta al Presidente a dictar los llamados decretos reglamentarios, pero esa reglamentación no debe alterar el espíritu de la ley.
Un león antiimperialista que ruge por la emancipación de los pueblos - Por Jorge Fernández Díaz
Escrito por Jorge Fernández Díaz
“El residente cipayo del movimiento vendepatria libertario rechaza la agenda extranjera y globalista que el gobierno nacional y popular hubiera aceptado de rodillas y con la cola”, ironizó esta semana el Gordo Dan, comandante supremo de las milicias digitales de las fuerzas del cielo y una suerte de Boogie El Aceitoso de los anarcocapitalistas argentos. Javier Milei no tardó en respaldar con énfasis esa ocurrencia, tal vez porque define a la perfección la paradoja del momento: el insólito giro “emancipatorio” que esgrime nuestra nueva derecha para rechazar el debate abierto por la mayoría de los países en el seno de la Naciones Unidas.
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“De las guerras sólo pueden salir intactos los que tienen la
fortuna o la astucia de no promoverlas, sufrirlas ni librarlas”.
- Lorenzo Silva
Milei no puede ser Moisés (como quisiera) pero puede aprender de él - Por Carlos Salvador La Rosa
Escrito por Carlos Salvador La Rosa
Los que quisieran cambiar el modelo corporativo de las décadas anteriores deberían proponerse reemplazarlo por otro -en líneas generales, liberal- que sea el referente principal de las próximas décadas. Con el espíritu republicano y liberal de 1853 combinado con el espíritu democrático de 1983. Que a su modo fueron dos pactos fundantes, aunque lo hayan sido implícitos. Hoy se requiere un pacto similar.
Tras nueve meses, la gestión de Javier Milei enfrenta las primeras señales claras de cansancio en una porción del electorado que le dio el triunfo en el balotaje de noviembre último. Es lógico que en el oficialismo existan motivos de preocupación por la potencial pérdida de respaldos en el llamado “voto blando”, formado básicamente por quienes se acercaron a Milei en aquella segunda vuelta después de haber optado por otros candidatos presidenciales en la primera fase electoral. En un contexto de extremada debilidad parlamentaria de la fuerza gobernante, la principal fortaleza del actual jefe del Estado no es otra que el apoyo de la opinión pública.
Es imprescindible que los presidentes Lula y Milei den el ejemplo de abrazarse en la próxima cumbre del G-20 en Río.

