Opinión

El conflicto entre el presidente Javier Milei y la universidad pública no debiera sorprender a nadie, realmente, "estaba cantado". Forma parte de la lógica con la que siempre se manejó el líder libertario y sus convicciones más arraigadas.

No siempre es fácil determinar con precisión por dónde comenzar un análisis semanal, como el presente, en un país -el nuestro, se entiende- donde los hechos relevantes de la política se suceden sin solución de continuidad y obran el efecto de taparse entre sí. A veces acontecimientos de entidad menor -como el aumento de las dietas por parte de una mayoría de los senadores de la Nación- oculta otro, infinitamente más relevante -las consecuencias de la nacionalización de YPF, orquestado por Axel Kicillof, que puede costarle al país U$ 16.000 MM- sin que nos demos cuenta. En la Argentina hay de todo, como en botica. Se complementan -para citar a Homero Manzi- la Biblia y el calefón, a diario.

Se ha producido un maravilloso laboratorio en la política y la sociedad con el conflicto universitario. Nos habla sobre una situación que hasta ahora no había sucedido, que es el presidente reconociendo que se trataba de una “causa noble”. Más allá de que el oficialismo falló en calibrar la naturaleza distinta de este entrevero, también significa que “la gente votó esto” requiere ser muy cuidadoso con los matices.

La llamada marcha universitaria dejó varios elementos para sacar conclusiones.

La multitud en la calle. En las calles de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Rosario. Esa multitud que el presidente subestimó y luego calificó como "lágrimas de zurdo". Al gobierno se le atribuye la frase "no la ve" para referirse a quien no entiende un proceso histórico. El martes pasado la frase apuntó al presidente: "No la ve". No entiende o no quiere entender la gravitación política, moral e histórica de la universidad argentina.

Los nuevos vientos que soplan desde la Casa Rosada evidencian el objetivo manifiesto de encerrar a todos los políticos y funcionarios públicos en un dilema hamletiano: “ser o no ser”.

El gobierno argentino ha cometido un error considerable al tratar de manejar la reciente movilización ciudadana, comparada en magnitud únicamente con la emblemática Resolución 125 sobre las retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias. Con este nuevo desafío, que es la defensa de la educación pública, el gobierno se ha topado con un muro de resistencia cívica de proporciones históricas

Islandia, un país con menos habitantes que la ciudad de Santa Fe, tiene el coeficiente Gini más bajo del mundo. El coeficiente Gini da una imagen de cómo está distribuida la riqueza en una sociedad, sea feudal, capitalista o socialista. Cero se corresponde con la perfecta igualdad, uno con la perfecta desigualdad. Según Naciones Unidas, cuando da superior a 0,40 resulta alarmante. La Argentina tiene alrededor de 0,44.

Aporía: el problema de los años 70 en el país parece responder a una lógica de este tipo; querer editar la memoria para edulcorar lo más siniestro del alma suele ser un ejercicio vano

Las Naciones que progresan han sabido superar sus diferencias, y todos los presidentes argentinos expresaron su tiempo y circunstancia histórica, con sus defectos y virtudes

Top