Opinión

Desde mediados del año pasado, la política nacional se mueve al compás del tango que está bailando la pareja presidencial.

Una rápida lectura del proyecto permite realizar serias objeciones constitucionales, además de ocultar la finalidad cuyos redactores no se animan a explicitar

Para entender el derrotero del gobierno kirchnerista es necesario prestarle atención a la lógica con la cual se maneja. La empresa no sería difícil si no fuera por el hecho de que, desde el año 2003 en adelante, se ha querido encontrarle a esta particular expresión del peronismo una cara dialoguista y moderada opuesta a otra de coloratura maximalista.

Para muchas personas interesadas en el tema, la reforma judicial promovida por el Gobierno se muestra, desde un comienzo, mal encaminada: es inoportuna; aparece apoyada en procedimientos poco democráticos; se orienta a fines inatractivos; escoge medios inadecuados en relación con los fines que invoca; y omite referencias a todo lo importante.

¡Fumata bianca! ¡Habemus reestructuración de la deuda! Finalmente, el Ministro de Economía Martín Guzmán revalidó en la práctica su conocimiento teórico sobre el tema de la deuda. No estoy en condiciones técnicas de afirmar si era posible cerrar este acuerdo más temprano o pagando menos. Si, la incertidumbre disparó el dólar blue, que ahora con el acuerdo estaba a la baja. Veremos por cuánto.

El gobierno está lanzado ya desenfrenadamente, de la mano del coronavirus, a un ataque completamente desenmascarado sobre las libertades más íntimas de la ciudadanía.

El Estado de Derecho se sustenta en una Justicia independiente que permita controlar que la Constitución y las leyes se cumplan. Es a la Corte Suprema, como cabeza del Poder Judicial, a quien le corresponde la tarea principal de asegurar que las instituciones democráticas resguarden nuestros derechos y libertades.

No deben tolerarse prohibiciones a todas luces irrazonables. El Poder Ejecutivo no puede suspender derechos con esta liviandad
La reforma judicial “K”, o el arte de usar la dialéctica para promover innovaciones viciosas - Por Carlos Berro Madero
Escrito por Carlos Berro Madero
Al analizar la nueva “movida K”, se acentúan nuestros recelos respecto de un tema que se intenta resolver por un supuesto “clamor popular”, favorecido por la tozudez de una mayoría de ciudadanos de poca memoria, que votó a los candidatos del gobierno en diciembre creyendo en sus promesas de haber regresado “mucho mejores” (¿).

Alberto está obligado, a fin de mantener la paz interna de su coalición, a negar todas y cada una de las cosas que dijo en esos años locos en que se creyó libre. Todos creen que Cristina logrará su impunidad, pero no tanto ella porque es la única que conoce la contundencia de las pruebas en su contra.
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Desde el inicio de la pandemia, los legisladores de Juntos por el Cambio hemos presentado muchos proyectos de ley tendientes a paliar la grave situación económica que las cuarentenas están provocando en las familias y en las empresas. Además de esas iniciativas, advertimos que la paralización general de la actividad nos llevaba al abismo y que era necesario conciliar las necesidades sanitarias con las económicas.

Para explicar el desamparo, Sartre narra la peripecia de un alumno afligido por un dilema. Durante la ocupación nazi, su padre había abandonado a su madre y había confraternizado con los colaboracionistas, pero su hermano mayor había muerto durante la ofensiva alemana, y este muchacho, que era generoso, aunque primitivo, quería vengarlo: partir de inmediato hacia Inglaterra e ingresar en las Fuerzas Francesas Libres.
El precio de la Presidencia y “todo cambia, todo cambia” - Por Malú Kikuchi
Escrito por Malú Kikuchi
La vicepresidente de la Nación se ha mandado hacer una reforma judicial a su medida. Sobre una intención fallida de Néstor K, que quería llevar los juzgados penales federales de CABA a 46, cuestión de diluir el poder de Comodoro Py, la desempolvó y le sumó a su abogado Alberto Beraldi.
Rata-plan - Por Enrique Avogadro
Escrito por Enrique Avogadro
“Estamos dispuestos, y que el Gobierno lo sepa, a defender por encima de todo a nuestras familias y nuestros hogares, a proteger nuestro derecho al trabajo, la nobleza de nuestro obrar cotidiano creando nosotros mismo, para poner fin con toda clase de medios a una sucesión de actos intolerables y ruinosos, los medios de defensa que hasta ahora habíamos cedido a las leyes del Estado”.
- Asociación Bolognesa de Defensa Social (1920)

