Opinión

 

Desde mediados del año pasado, la política nacional se mueve al compás del tango que está bailando la pareja presidencial.

 

Una rápida lectura del proyecto permite realizar serias objeciones constitucionales, además de ocultar la finalidad cuyos redactores no se animan a explicitar

 

 

Para entender el derrotero del gobierno kirchnerista es necesario prestarle atención a la lógica con la cual se maneja. La empresa no sería difícil si no fuera por el hecho de que, desde el año 2003 en adelante, se ha querido encontrarle a esta particular expresión del peronismo una cara dialoguista y moderada opuesta a otra de coloratura maximalista.

 

 

Para muchas personas interesadas en el tema, la reforma judicial promovida por el Gobierno se muestra, desde un comienzo, mal encaminada: es inoportuna; aparece apoyada en procedimientos poco democráticos; se orienta a fines inatractivos; escoge medios inadecuados en relación con los fines que invoca; y omite referencias a todo lo importante.

 

 

¡Fumata bianca! ¡Habemus reestructuración de la deuda! Finalmente, el Ministro de Economía Martín Guzmán revalidó en la práctica su conocimiento teórico sobre el tema de la deuda. No estoy en condiciones técnicas de afirmar si era posible cerrar este acuerdo más temprano o pagando menos. Si, la incertidumbre disparó el dólar blue, que ahora con el acuerdo estaba a la baja. Veremos por cuánto.

 

 

 

El gobierno está lanzado ya desenfrenadamente, de la mano del coronavirus, a un ataque completamente desenmascarado sobre las libertades más íntimas de la ciudadanía.

 

 

El Estado de Derecho se sustenta en una Justicia independiente que permita controlar que la Constitución y las leyes se cumplan. Es a la Corte Suprema, como cabeza del Poder Judicial, a quien le corresponde la tarea principal de asegurar que las instituciones democráticas resguarden nuestros derechos y libertades.

 

 

 

No deben tolerarse prohibiciones a todas luces irrazonables. El Poder Ejecutivo no puede suspender derechos con esta liviandad

 

 

Al analizar la nueva “movida K”, se acentúan nuestros recelos respecto de un tema que se intenta resolver por un supuesto “clamor popular”, favorecido por la tozudez de una mayoría de ciudadanos de poca memoria, que votó a los candidatos del gobierno en diciembre creyendo en sus promesas de haber regresado “mucho mejores” (¿).

 

 

Alberto está obligado, a fin de mantener la paz interna de su coalición, a negar todas y cada una de las cosas que dijo en esos años locos en que se creyó libre. Todos creen que Cristina logrará su impunidad, pero no tanto ella porque es la única que conoce la contundencia de las pruebas en su contra.

 

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