Opinión

 

Los argentinos se han manifestado masivamente en defensa de la República. Todos los intentos del gobierno para detenerlos han sido vanos. Trataron de infundirles miedo o culpa con un discurso que osciló entre la agresión verbal acusando a quienes llenarían las calles de despreciar la salud de sus semejantes o de ser exponentes de la oposición.

 

 

Estamos convencidos que los argentinos tendremos que recuperar algún día el interés por interrogarnos, en soledad, sobre lo que estamos haciendo con una realidad que “se nos niega”, cual potro redomón.

 

 

No soy neutral, escribo desde la experiencia, convencido de la necesidad de cambiar el rumbo del país. La construcción de Cambiemos tenía y seguirá teniendo esa intención; torcimos el rumbo, pero aún no logramos consolidarlo.

 

 

En medio de una crisis gravísima, que está empujando a la pobreza a la mitad de la población, el gobierno nacional se embarca en una reforma judicial inoportuna, inconsulta, improvisada y sectaria, que no responde a las necesidades sociales sino tan solo a la enfermiza obsesión del oficialismo por utilizar la pandemia como excusa para incrementar su poder.

 

 

Atendiendo a las pintorescas operaciones verbales que se traman desde el poder oficial, sería prudente empezar a ponernos de acuerdo acerca del significado de las palabras porque, como diría tía Cata, estos señores me quieren hacer pasar gato por liebre o, como alguna vez dijera tío Colacho: "Me quieren hacer pasar mate de leche por ropero provenzal".

 

 

El peronista sectario cree que todos los argentinos deben ser peronistas, mientras que el antiperonista cree que nadie debe ser peronista. El antiperonismo siempre crea más peronismo en sus peores versiones. Mientras que el peronismo sectario crea antiperonismo.

 

 

“Todo problema complejo tiene una solución simple...que habitualmente es falsa”. La frase es de Umberto Eco y castiga con ironía la tendencia al reduccionismo de muchos relatos que pretenden explicar asequiblemente un tema, pero en verdad lo tergiversan y confunden o, simplemente, relatan otra cosa.

 

 

El planeta ha sido atacado por un minúsculo virus que solo se puede ver a través de un microscopio electrónico y que, sin embargo, ha trastornado a más de 7.500 millones de habitantes. El covid-19 no tiene fronteras, no distingue razas, nacionalidades, edades ni sexos, ataca por igual a todos.

 

 

“La política es el circo de los vicios, no de las virtudes.
La única virtud que se requiere es la paciencia”.


 - Antonio Scurati

 

 

Alberto Fernández sabe que a la larga no habrá más alternativa a una mayor disciplina fiscal, pero también que serían excesivos los costos sociales y políticos de un “ajuste” feroz.

 

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